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Anime

KAWAII Y LA COSIFICASIÓN DE LA MUJER EN EL MANGA-ANIME

Por Mario Javier Bogarín
 

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Presentación:

Los distintos géneros de manga/anime han sido articulados por su filiación a una estética que por concreta y repetitiva los ha hecho identificables, sobre todo, fuera de Japón. La dulzura de sus personajes se vincula inevitablemente con la delicadeza de los rasgos de la Lolita adaptada a un proceso de infantilización. A propósito de este género se puede problematizar  la forma en que la industria del consumo de imágenes y los diseñadores de Style se valen de la aparente sumisión femenina a un ideal de elegancia y delicadeza, una estética prescrita a las japonesas por códigos de belleza y conducta (confucionistas y budistas) que dan lugar a esta particular apariencia física cortesana-new-look.

Adolfo Vásquez Rocca , 2009

 

 

– El manga/anime ha operado como productor de fenotipos que sirven para conducir a la mujer, idealizada, por diferentes espacios que marcan una identificación sociocultural. La niña desvalida como tipología ideal se presenta en personajes de cualquier edad en diferentes contextos. La estatización de la mujer dentro de los límites de un argumento permite el control sobre la proyección de un deseo, muy masculino, sobre lo que debe ser una dama.

Lo anterior viene apoyado por una percepción masiva de que la belleza debe ser así, kawaii, en todo momento. Los dibujos tiernos, amelcochados, con bordes redondeados y colores pastel, inspiran la ternura que desea disfrutarse en las criaturas femeninas que, por no existir en la vida real, se desean intentando modelarlas desde la historia de manga/anime.

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El kawaii es la noción estética que atraviesa transversalmente a los géneros. El vocablo inicial kawayushi, simplificado en los diccionarios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se nutriría de nuevos matices paralelos al desarrollo de la cultura industrial japonesa en el resto del siglo. La infantilización de los diversos personajes femeninos del manga/anime pasaría por la aplicación de esta ternura (que denota también una actitud soñadora, melancólica, cariñosa y desvalida) incluso a los argumentos menos compatibles, como los de las heroínas de historias de acción y drama como Escaflowne o Millenium actress.

El kawaii funciona como un binomio de impulsos que se sustentan en la admiración de lo que es bello por ser tierno y no al revés: consiste en la exclamación de un alegría admirativa (“mira qué lindo!”) y en deseo espontáneo (“lo quiero!”) en una dirección contraria a la de la belleza que por su majestuosidad provoca una necesidad de posesión. Si esta belleza monumental exige veneración, la ternura, el kawaii, solicita cariño. Este circuito aplica para el diseño de los personajes del manga/anime, instituyéndose como su motor estético, que se aleja del estilo infantil reproduciendo artificiosamente la dulzura de la infancia, recargándola para precipitar su efecto.

A principios de la década de los ochenta se acentuó, gracias al manga/anime, la popularidad de las colegialas japonesas como modelo nacional del ser kawaii como vehículo para la extensión indefinida de la infancia y la adolescencia. Entonces empezó a pensarse en estas chicas como los nuevos íconos de la mujer japonesa ajustados a los referentes pop de fin de siglo.

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El género Shojo (para chicas) se creó para narrar las historias de sus vidas en revistas y series orientadas, como resultaría obvio, a un público femenino que se transformó en una legión de seguidores masculinos.

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Figs. 1 y 2.- Sailor Moon es el ejemplo más clásico del desarrollo del shojo como un montaje argumental del kawaii, convirtiendo a este en un referente estilístico consagrado. True tears es otro ejemplo, más reciente, del tratamiento que el género da a la mujer: una criatura kawaii perfecta cuya vida podemos tomar prestada para sentirla parte de nosotros, de nuestros deseos personales por un ser adorable y decente.

La admiración por estas damitas se convirtió en una vía para la posesión de los elementos más entrañables de su personalidad. En eso consistirá la incidencia de los personajes en el imaginario masculino a través de un proceso de personificación de los dibujos del manga/anime, integrándolos a una vivencia vicaria que depende en su esencia del argumento narrado. La noción de personificación, explica la estudiosa de género Jennifer Saul, consiste en tratar a objetos y representaciones como personas vivas. La relación personal, imaginal, con el manga/anime y sus historias y personajes implicará así una relación sexual, por simbólica, entre personas y cosas, entre seres humanos y papeles impresos o imágenes en pantalla.

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Este uso de los distintos soportes materiales implica en consecuencia, aunque siguiendo una nueva ruta, la cosificación de las mujeres. La diferencia entre géneros argumentales indica los niveles en que discurre la fantasía, algo que trasciende las distintas edades de sus mujeres. Una manifestación práctica del kawaii en el desarrollo de las historias, ya no sólo de su estética, es la conducta burikko-suru, infantil y saltarina en sus movimientos, de hablar engolado, haciendo uso lo mismo de diminutivos que de hipérboles.

El Magic Girl no ha tenido mucha publicidad como género independiente, pues es difícil que no se le identifique dentro de esfera del shojo. Sus motivaciones, si bien más específicas podrían confundirse con cualquiera de estos argumentos: las heroínas luchan contra el mal con el poder del amor.

La aplicación del elemento kawaii a las historias de fantasía o ciencia ficción las vuelve más plásticas y asequibles mediante la ternura como un componente que los acerca más al mundo real de los consumidores. 

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Las chicas temerarias y alegres exponen aquí una de las virtudes más caras de la infantilización: la capacidad de cambiar/salvar al mundo mediante la fuerza salvífica de la inocencia. Con independencia de sus habilidades o su inteligencia, estas chicas son adoradas por lograr, en su pequeñez, hazañas inspiradas por la pureza-casi-divina por la que se desearía conservarlas protegidas de los retos y angustias del mundo exterior. Las jovencitas y mujeres, mágicas por obra de su exquisita feminidad, son admiradas en acción como si se observara al microscopio el efecto de una cepa de penicilina.

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Figs. 3 y 4.- Magic Knight Rayearth y Card Captor Sakura, series llenas de acción que ajustaron las historias fantásticas a la estética kawaii para volver más dulce cualquier escenario dramático o angustiante propio de una novela de aventuras.

Ahora mismo, mientras redacto este texto, leo la noticia del arresto de un hombre que asaltó en un distrito tokiota a dos peatones vistiendo una botarga de Winnie The Pooh. Aislado o no, un suceso ilustrativo del colorido de un país en donde cada ministerio de Estado y empresa privada cuenta con una mascota kawaii que es más conocida por el público que sus titulares. Como “debe ser”.

Trascendiendo una estrategia mercadológica, el kawaii se utiliza como un acercamiento de las instituciones a los individuos, de por sí sujetos a ellas, para volver más íntima la dinámica de consumo, en una invitación a que el usuario se apropie de los productos haciéndolos únicos. Como en el manga/anime, muchas mujeres y jovencitas kawaii devienen ornatos a juego con la policromía feliz de los ambientes en los que se encuentran insertas.

El Lolikon, sin abandonar del todo el género hentai (manga/anime pornográfico) al que pertenece, puede reclamar por sus fueros y gracias al kawaii que la evocación del placer que produce visualizar una infancia feliz, bonita, será más importante que las fantasías pedófilas que en su mayor parte ha representado. Las niñas vueltas más niñas y desvalidas en sus imágenes, convocan la forma más extrema de la idealización de lo femenino que debe ser protegido para seguirse disfrutando.

La cosificación en clave de manga/anime es la infantilización. No hay lugar para la exaltación de la violencia machista por sí misma, pues ha de dársele prioridad a la tierna elegancia de sus víctimas, al menos en las producciones más agresivas de sexo hardcore del tipo de Lewd angels o Fractal underground studio.

Las niñas aquí pasan por adultas en su plenitud sexual gracias a la fantasía del mundo infantilizado, táctica que nominalmente debe alejar al género de la pedofilia pura y dura. Buena parte del lolikon localizable en la Internet no incluye pornografía explícita, sino tan sólo situaciones que aún serían insostenibles en cualquier otro tinglado argumental desprovisto del auxilio del kawaii. Las niñas del lolikon obligan al resto del mundo representado a igualarse a ellas en su aspecto infantil que, por sexuado, demanda que la lindura reine para siempre en él para evitar que el lector las degrade a objetos, pues eso, en la lógica de sus historias, no sería bello.

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Figs. 5 y 6.- Las figuras femeninas infantilizadas aparentan ser un préstamo del mundo lolikon, pero en realidad representan la aplicación más inmediata del kawaii.

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El kawaii es bello, con independencia del manga/anime, porque pide la evocación acaramelada de vivencias que en muchas ocasiones no han ocurrido pero que se vuelven deseos de la transformación feliz de una vida. La cosificación a través del kawaii, por su parte, se convierte en la instrumentalización de la mujer para perpetuar su sumisión. La explicación de este fenómeno puede hallarse en las muecas y palabras de desprecio de aquellos hombres que acusan al kawaii de ser una mariconería absurda. Es entonces cuando la brutalidad, su justo reverso, se revela para cancelar su esencia.

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Mario Javier Bogarín Quintana

Licenciado en Ciencias de la Comunicación y pasante total de la Maestría en Estudios Socioculturales por el Centro de Investigaciones Culturales-Museo UABC y El Colegio de la Frontera Norte, institución de la que ha sido becario, además de en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California. Profesor de estética, filosofía, sociología, metodología y teoría de la comunicación en la UABC, en donde ha sido tutor de la Licenciatura en Artes Plásticas en su Escuela de Artes. Es autor de cuento y ensayo. Pertenece al banco de académicos en investigación social del CONACYT, donde fue becario nacional. Ha sido antologado en Voz de viento (UNISON-Instituto de Cultura de Sonora, 2001), Santuario de incertidumbre (UABC-FCH, 2004), Horizonte lejano (Centro de Estudios Poéticos de Madrid, 2005) La bajacaliforniada (UABC-Editorial Porrúa, 2006), y La Frontera: Una nueva concepción cultural (UABC-Arizona State University, 2007; UABCS-La Sorbona/Paris III, 2008). Mención Honorífica en el XXIII Concurso Regional de Cuento 2001 convocado por el Instituto de Cultura de Sonora y Primer Lugar en el Premio Nuevos Valores Universitarios UABC-FCH 2004. Ha publicado en La Crónica de Baja California, Siete días, Trazadura, Revista Universitaria (Universidad Autónoma de Baja California), Observaciones filosóficas (Universidad Complutense de Madrid/Pontificia Universidad de Valparaíso), Psikeba (Universidad de Buenos Aires), Aquilón, Escenario, Komodo World-Léeme webzine y el fanzine La Tarántula, del que fue editor. Desde febrero de 2004 mantiene su blog Normalmente no hago esta clase de cosas. Actualmente co-edita con el Dr. Adolfo Vásquez Rocca -miembro del Consejo Editorial- de Escáner Cultural la Revista SOCIETARTS Revista de artes, ciencias sociales y humanidades, México.

Fuente:

Artículos en SOCIETARTS Revista de artes, ciencias sociales y humanidades, México.

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